martes, 2 de febrero de 2010

MUCHO JUEGO... POCOS POBRES

Los grandes medios de comunicación se hicieron eco del reclamo encabezado por el obispo Jorge Casaretto -Presidente de la Comisión de Pastoral Social de la Iglesia Argentina- en referencia al gran avance de las salas de juego en distintos lugares del país.
Casaretto quien seguramente recibió un guiño del cardenal Bergoglio, vaticinó que “los bingos, publicitados como inocentes salones donde se encuentra la familia, junto al fabuloso negocio de las máquinas tragamonedas, son en la actualidad importantes centros de juego y terminan llevando a la ruina a una enorme cantidad de familias”.
La iglesia fundamenta esta fuerte oposición a la proliferación de salas de juego porque considera que no tienen que ver con lo lúdico del ser humano, sino que lo asocian a la prostitución y la droga en las zonas donde funcionan.
A los habitantes de Moreno les sorprendieron mucho las declaraciones de los miembros de la Iglesia por que se contradice con lo que ocurre por estas tierras.
Monseñor Fernando María Bargalló, primer y único representante del Obispado Merlo Moreno desde su creación, allá por 1997, permitió que el enorme y poderoso Bingo Moreno se instalase en la propiedad donde funcionaba el hipermercado Norte (Victorica a pocas cuadras del Acceso Oeste).
Cuando algunos vecinos calcularon que sólo tres cuadras separan el predio en cuestión de un convento y hogar de monjas, y a cinco cuadras se erige una parroquia, se preguntaron si en Moreno no hay representantes de la iglesia.
¿Cuáles habrán sido los motivos para que un Obispo se haya llamado a silencio en una situación similar a la planteada por Casaretto?
¿Será cierto que los empresarios del juego (como asegura Casaretto) tienen vinculaciones con otros poderes, pero en Moreno tienen Bendición Celestial?